Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver
tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de
Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la
niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una
aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un
río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de
ignorante leopardo.
Federico García Lorca
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