Mirabas siempre hacia adelante
como si allí estuviese el mar. Creabas
de esta manera un movimiento de olas
ajeno y mítico en alguna playa.
Nos unía la fuerza peligrosa
que da al amor la soledad.
Aún hace
temblar entre mis dedos,
de forma imperceptible este papel.
Camino
abandonado entre tú y yo,
cubierto por las cartas, hojas muertas.
Pero sé que el camino persiste.
Si abandono la mano sobre el pequeño
fajo,
la siento descansar sobre tu espalda.
Solías escuchar hacia
adelante
como si allí estuviese el mar, ya transformado
en una voz
cansada, ronca y cálida.
Poco nos une aún: sólo el temblor
de este
papel tan fino entre los dedos.
Joan Margarit
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